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Cieza


Equipo de Orientación Educativa y Psicopedagógica de Cieza (Murcia)

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ESTILOS EDUCATIVOS PATERNOS Y DESARROLLO SOCIOAFECTIVO DE LOS NIÑOS

             Herencia y ambiente y el resultado de la interacción de estos dos factores son los condicionantes más importantes que determinan el desarrollo de los niños. Los genes llevan una información que, si bien es importantísima en cuanto a variables como el aspecto físico, o en cuanto al temperamento o el potencial intelectual, no están libres de influencias del medio, fundamentalmente, del medio social, de lo que se denomina el proceso de socialización.

             Los agentes de socialización más importantes, por el poder de influencia que tienen sobre el desarrollo general de los niños, son: la familia, la escuela, el grupo de iguales y las instituciones y medios de comunicación de masas. Aquí vamos a hacer una reflexión sobre ciertos aspectos de la influencia del primer agente de socialización, la familia.

             En el seno de la familia, desde que nacemos, nos transmiten los valores básicos de la vida. Desde los primeros balbuceos, ante la respuesta de la persona que nos cuida, aprendemos las normas básicas de la comunicación y así, a través de las rutinas diarias, los juegos, la alimentación, etc. Aprendemos infinidad de normas, usos, costumbres, lo que, entre otros factores, condiciona cual será nuestro estilo de vida futuro.

             Los investigadores, en un esfuerzo de sistematizar las distintas formas que los padres y madres tienen, muchas veces sin saberlo, de transmitir estos valores,  han distinguido entre tres tipos de estilos, a saber:

         a)     Estilo autoritario. Se caracteriza por los siguientes aspectos:  

-        Los padres determinan en todo momento toda la dinámica familiar, las actividades, el reparto del tiempo para hacer una actividad u otra.

-        Las normas están muy claras y se cumplen sin dar lugar a la excepción. Se tiende a la rigidez en cuanto a su cumplimiento. El incumplimiento implica una sanción, que siempre se lleva a cabo, sin flexibilidad.

-        No hay tolerancia a los cambios de planes y las iniciativas de los niños normalmente no son aceptadas.

     b)     Estilo indulgente o permisivo:  

-        Los padres que tienen este estilo no tienen normas que cumplir. Dejan que los niños hagan lo que desean.

-        Sienten que si responsabilizan a sus hijos, los pueden traumatizar.

-        Piensan que deben darles todo lo que piden para que sean felices sin pedirles nada a cambio (conductas adecuadas, hacer las tareas de casa, etc.)

         c)     Estilo incongruente:  

-        En los hogares en que se tiene este estilo educativo, unas veces los padres son autoritarios, y otras permisivos, dependiendo esto de su estado de ánimo o del azar.

-        No hay normas claras, pero una conducta que en algunas ocasiones se premia,  en otras,  se castiga.

 

Consecuencias de los distintos estilos paternos en el desarrollo social y afectivo de nuestros hijos?

 Los padres que tienen el estilo puramente autoritario suelen tener hijos con baja autoestima (valoran negativamente sus propias características, tienen un concepto de sí mismo negativo), ya que sus padres han dirigido demasiado sus vidas, sin dejarles opción a elegir y aprender de sus elecciones. Son niños que no están preparados para enfrentarse a las demandas del medio.

 Los niños que se han educado en familias donde domina el estilo indulgente o permisivo tienden a presentar problemas de disciplina o de conducta, pues les han enseñado a conseguir todo lo que quieren sin ningún esfuerzo, o con el único esfuerzo de un llanto o una rabieta. No han aprendido a demorar la satisfacción inmediata de sus necesidades y, ante cualquier demora, sienten una frustración enorme. Con el tiempo, también tendrán problemas de autoestima, pues cuando tengan que enfrentarse con contextos distintos al familiar, sentirán mucha frustración. Por otro lado, al no haber aprendido autocontrol, perderán fácilmente el control emocional, ocasionando muchas veces problemas de conducta en la escuela.

 Por último, los hijos de padres en los que el estilo incongruente es el más importante, son los que más probabilidades de presentar problemas socioafectivos tienen, ya que estos niños lo que aprenden día a día es que hagan lo que hagan, pueden ser castigados. Esto se llama "indefensión aprendida". Concretamente, primero tendrán un estado de ánimo triste, pero al seguir educándose en ese contexto, después se “adaptan” y tienden a superar su frustración mediante la violencia. Si, además, en su familia hay violencia, las probabilidades de que estos niños tengan comportamientos muy agresivos, aumenta vertiginosamente.

No obstante, no hay que olvidar que normalmente los padres no usamos estilos educativos puros, aunque haya una tendencia hacia un estilo u otro. También hay que tener en cuenta, en cuanto a la evolución de cada niño, de que hay otros factores que influyen: la escuela, otras figuras de apego, como los abuelos, el temperamento, que sea más activo o pasivo, más ansioso o menos, etc

 

 ¿Cómo podemos prevenir la aparición de problemas socioafectivos en nuestros hijos?

    Aunque no hay recetas mágicas, sí podemos tener en cuenta una serie de ideas, que siguiendo a Coopsmith (en Palacios, Marchesi y Coll, (coord): Desarrollo psicológico y educación, editado en Pirámide, en 1993) son el resultado de combinar cuatro factores: la comunicación familiar, el fomento de la responsabilidad, la disciplina y las muestras de afecto. Así, podemos resumir que el equilibrio psicológico de los niños dependerá de:  

-        Que se hable en casa sobre los problemas del niño, que se le pregunte claramente qué ha hecho, qué siente, cuáles son sus amigos, que desea, qué prefiere... No sólo hay que pedirle que se exprese, también nosotros hemos de modelar esta conducta, explicándoles cómo nos sentimos.

-        Que se exija a cada niño, según su edad, determinadas actividades. No hay que olvidar que aprendemos según vamos viviendo distintas situaciones y nos vamos enfrentando a diferentes demandas del medio. Si no acostumbramos a los niños pequeños a cumplir con ciertas rutinas, no les damos oportunidad de crecer o desarrollarse. Por otro lado, si continuamente les ofrecemos premios sin que se los merezcan, no se están preparando para ser personas responsables, ni luchadoras. Si queremos adultos maduros, tenemos que exigir a los niños progresivamente conductas maduras (ejemplo: hacer sus tareas de la escuela, hacer su cama, ordenar sus juguetes, sacar al perro a pasear, etc.).

-        Es fundamental establecer unas normas en casa y hacerlas cumplir con flexibilidad. Estas normas tienen que ser claras para los niños, y aún mejor, deben ser elegidas por todos los miembros de la familia. Asimismo, las consecuencias del incumplimiento de estas normas también deben explicitarse y ser objeto de acuerdos familiares. Esta suele ser la característica, que, junto con la anterior, más problemas causa: hoy en día los padres tienden a no exigir a los hijos ninguna responsabilidad y no tienen unas normas que cumplir. Así, los niños no aprenden límites, no aprenden los valores de convivencia básicos y creen que pueden conseguirlo todo sin ningún esfuerzo. Por ello, sobre estos aspectos deberíamos reflexionar mucho para tratar de mejorar.

-        Por último, hay que expresar afecto a nuestros hijos. Hay que demostrarles que nos gustan sus características, que nos agrada lo que hacen. Hay que colgar en casa alguno de sus dibujos o manualidades, tenemos que besarles, abrazarles... por lo menos hasta que nos dejen.

 

En definitiva, hemos de reflexionar en el día a día sobre estos factores, y tratar de ser flexibles en su aplicación práctica.

 

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